Está pasando si es que es verdad.

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lunes, 10 de septiembre de 2012

VACACIONES EN DESTIEMPOS O LA FAMILIA Y UNOS MÁS

Empieza el cole y con él llegan los balances del verano. 


Llama la atención, aunque a estas alturas no debería sorprender nada, que el rasero para medir el bienestar económico radique en las estancias vacacionales fuera de casa.

Como indicador económico, -con todos mis respetos a quienes viven del turismo, que son muchos, y llevan creando trabajo desde los 60 en un país que básicamente vivió de la simbiosis turismo/construcción- me parece tan banal como incluir langostinos en la cesta de la compra para calcular el IPC.

Al tanto, que he dicho banal, no poco representativo.

Antes se hacía recuento de los extranjeros que habían recalado por el país de la paella, la sangría y los bulls on the street y cuánto dinero en divisas se habían dejado en la fiesta

Hoy miramos si el vecino se ha ido de crucero o nosotros hemos ido al apartamento.

Hace unas décadas -tres- vivir de alquiler era normal, incluso teniendo posibles para comprar un piso, y las vacaciones consistían en ir a la piscina. Los domingos, con la nevera de ir a campo en invierno llena de comida. Y no recuerdo que fuera tan horrible. Supongo, que quienes vivían en la costa, lo mismo, pero con playa.

Por cierto, recuerdo que en casa sólo había un tupper, de la marca genuina y entonces única y muy cara. ¿Dónde llevaría mi madre la comida, si no había ni film para tapar las fuentes?. Vuelvo del inciso de la prehistoria de la comida portátil.

El caso es que siempre había quien tenía su apartamento en Salou o Zarautz o se iba a casa de los abuelos al pueblo, que eso no creo que pueda cuantificarse como turismo, sino como traslado temporal de residencia.

Ahí es donde surge la subespecie yo hago turismo rural, que traducido al román paladino quiere decir "hemos saqueado la despensa de la tía del pueblo sin piedad y por la cara", que es más rentable que quedarse en casa de uno y los niños se desfogan por los prados sin necesidad de pagarles las colonias.

Llegará el día en que los parientes del pueblo se construyan un bunker para atrincherarse en períodos vacacionales y evitar a los parientes gorrones que sólo se acuerdan de Santa Bárbara cuando truena.

Estas fiebres por los viajes cada verano, semana santa, puente o lo que sea con la que está cayendo, no me acaban de cuadrar, salvo en el caso de quienes tienen apartamento en propiedad, que lo tienen que amortizar, sí o sí.

A tal punto hemos llegado que en una ciudad costera como es Tarragona, son buen número quienes tienen, además de su residencia habitual, un apartamento en la playa -en ocasiones a cinco minutos de su propia casa- o se van a un hotel de todo incluido a tres playas de distancia de su casa, teniendo las mismas arenas a pie de parada de autobús.

En cualquier caso, es para reflexionar qué concepto de necesidad básica tienen los que se quejan de ir con los euros contados y, sin embargo, se van de crucero pagándolo a plazos.

Es sólo un pensamiento para tiempos de apreturas.



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